miércoles, 1 de abril de 2015

Selección de lecturas. F.D.Literatura e identidad. Nivel 4º medio.

El COA.

 “Dequirusa, loco. Que viene la zapatilla entera cargada de tombos”. Es posible que tú  poco o nada entiendas, pero para un delincuente  y para ti está claro decir: “Cuidado compañero. Viene el furgón de carabineros cargado de pacos”.

Tal vez a usted le sean más familiares palabras como “condorearse” (cometer un error); “no estar ni ahí” (ser indiferente); “mina” (mujer de atributos agradables); o “flaite” (delincuente de poca monta o persona ordinaria). 

Esta jerga es tan antigua como la delincuencia misma. El origen de la palabra coa está en el término gitano español coba, cuyo significado es embuste o adulación y tendría su origen en el caló, jerga que los gitanos utilizaban en España. Pero otros dicen que viene de una jerga delictual española del siglo XV, y sería una deformación de “boca”. Como sea, la palabra coba llegó a ser coa, cuya definición contemporánea podría ser “el lenguaje que intenta ser creíble”.

Debido a las características de su origen, el coa se basa en las imágenes, sentimientos y vivencias de una mente criminal, ya sea que se encuentre gozando de libertad, purgando condena en una cárcel o en una esquina urdiendo su siguiente golpe. El coa encuentra su inspiración en el dinero, el robar, matar o pelear; en la vida en prisión y las armas; en funciones como comer, beber y drogarse. Sorprende también la cantidad de expresiones o palabras del coa que hacen alusión al sexo y los órganos genitales femeninos, esto se explica, según los psicolingüistas, por la abstinencia sexual prolongada a que están sometidos quienes cumplen presidio.

Según el profesor de gramática y lingüística española de la Universidad de Chile, miembro de la Real Academia Española (RAE) y de la Academia Chilena de la Lengua, Ambrosio Rabanales, todas las jergas se llaman criminolalias. “En Hispanoamérica la mayoría de las criminolalias tienen su origen en España, al igual que nuestra lengua, pero enriquecidas o aumentadas por otras influencias”.

El profesor Rabanales explica que toda manera de hablar depende de las personas, considerando sus aspectos culturales, psíquicos y hasta físicos. Por lo tanto, toda lengua traduce una manera de ser y de sentir. “Obviamente si uno quiere conocer a los delincuentes, una manera es estudiando su jerga. Por eso los policías, gendarmes y hasta sicólogos deben manejar el coa”. Para Rabanales, en tanto lingüista, el coa no es ni bueno ni malo, sino una jerga que cumple sus objetivos para sus usuarios -los delincuentes-. Como tal es un objeto de estudio, “que en general presenta los mismos fenómenos que el habla culta, como que se acorten algunas palabras, otras se alargan o suavizan su significado, o lo cambian totalmente, o agregan más significados”.

De todas formas, Rabanales no considera al coa una jerga muy creativa, porque se alimenta básicamente de la lengua local. Tampoco considera que esta jerga enriquezca el lenguaje, “porque para casi todos los términos del coa, existe en español un equivalente culto”. Rabanales considera que puede haber un aporte en cuanto a que algunas palabras del coa son muy sintéticas: “Enriquecen, en el sentido que por ejemplo la palabra ‘cafiche’ es mucho más corta que decir explotador de mujeres. ‘Mina’ es más corta que decir mujer objeto de explotación”. Una técnica novedosa en esta jerga es lo que los delincuentes llaman “hablar al vesre”. El ejemplo más masificado es la frase “broca cochi” (cabro chico). “El vesrrismo consiste en invertir o modificar el orden de las sílabas con el objetivo de que no se entienda”, explica el profesor Ambrosio Rabanales.

Pero más allá de si el coa aporta o no al lenguaje, es un hecho que a menudo decimos palabras que jamás se encontrarían en el diccionario de la Real Academia, pero que entendemos perfectamente, como “luca” (billete de mil pesos); “copete” (cualquier tipo de bebida alcohólica) o “cuico” (persona de apariencia acomodada y modales afectados).

El profesor Rabanales sostiene algunas hipótesis sobre la masificación de estos términos. Por ejemplo, que en las poblaciones hay mucho contacto entre los jóvenes y los delincuentes. “Entonces, el coa recibe influencia de la jerga de los jóvenes, y la jerga de los jóvenes tiene influencia del coa. Así se van retroalimentando de palabras que se pueden hacer masivas”. Agrega que también hay muchos jóvenes drogadictos, y la drogadicción está íntimamente ligada con la delincuencia y su lenguaje.

Rabanales explica una curiosidad. El nombre científico de la marihuana, canabbis sativa, significa cáñamo sembrable, y es pariente de otro cáñamo más alucinógeno que es el canabbis indiga, o cáñamo de la India, conocido comúnmente como hachís. Y la palabra hachís dio origen a “ashachino”, luego derivó a “aschechino” y después, a “asesino”.

Pero, por muy grande que sea la fuerza con la que la jerga inunde su lengua de origen, nunca será suficiente para abordarla por completo. Es que por las características de su origen, el lenguaje de los chilenos tiene una extensión bastante acotada, su léxico es especialmente pobre. Normalmente este se refiere a las imágenes y sentimientos.

Otra fuente de divulgación son los medios de comunicación. Los periodistas, escritores, locutores y animadores de TV son modelos, en cuanto al habla, para las personas comunes y corrientes, argumenta Rabanales. “Sucede que si un señor en la televisión dice, por ejemplo, ‘mina’, luego todo el mundo empieza a repetir la palabra, porque para la gente de poca cultura si algo sale en la televisión, está bien y es importante”.

En todo caso, Rabanales en su calidad de miembro de la RAE y de la Academia Chilena de la Lengua, señala que para la Asociación de Academias de la Lengua Española la posición frente a las jergas como el coa, es muy práctica. “En la medida que una palabra del coa u otra jerga se use mucho, puede terminar incorporándose al diccionario de la Academia. Y la RAE, no señala si son palabras correctas o incorrectas, a lo más da un juicio de valor”; el profesor  señala que “estoy seguro que existe más de alguna palabra que se originó en el coa y que finalmente fue aceptada en el diccionario de la RAE”.

De esta perspectiva los elementos de la jerga vienen a ser una especie de santo y seña que es sólo válido y útil en tanto se mantenga ocupado por los integrantes de la cofradía, en esa especie de hermandad. Por lo tanto, si los términos, expresiones o palabras que constituyen esta forma de comunicarse, pasa a ser conocida por todo el mundo, deja de ser el lazo de unión que acerca, vincula y defiende. En ese momento el término deja de ser exclusivo del diccionario de la jerga pasando al lenguaje común. Cuando esto sucede, la jerga invade su lengua madre, siendo de ahí en adelante normal observar su uso en todos los ámbitos de la sociedad. Lo que sucede hoy en nuestro país.

Antiguamente las jergas estaban mal vistas, incluso en muchas épocas han sido castigadas por la ley, ya que el lenguaje que no era entendido por parte de la sociedad se asociaba a conjuntos delictivos, en cambio con el tiempo muchos de estos modismos han pasado a formar parte del lenguaje coloquial. 

Actualmente la utilización de jergas se da en todos los estatus de la sociedad, como lo hemos visto con la  jerga profesional, es decir, la terminología  y los modos de hablar correspondientes a profesiones o oficios  e incluso  podemos encontrar las jergas  familiares,  en estos casos la palabra jerga no tiene ningún  matiz peyorativo, como  la llamada jerga del hampa. 

La jerga tiende a ser efímera y las terminologías empleadas son de carácter dinámico y muchas quedan en el olvido, siendo otras cíclicas.

Es necesario , también aclarar algunas diferencias que algunos de los especialistas hacen entre argot y jergas sería más adecuado hablar de jerga, en tanto lenguaje especial y familiar que usan ente sí los individuos  de ciertas profesiones y oficios, tal como define el Diccionario  de la Real Academia Española , Ducrot y Todorov, en su Diccionario Enciclopédico de las Ciencias del Lenguaje, dan cuenta de esa    ambigüedad y distinguen la jerga profesional del argot, que consideran una clase particular de jerga propia de una clase social   marginal. Los autores llaman jerga a las modificaciones que un   grupo socio-profesional aporta a la lengua nacional (sobre todo al léxico y la pronunciación.

LA JERGA JUVENIL EN LA MIRA.

De muchas salas de clase emerge un solo "¡Ay!". El de los profesores que intentan mejorar los niveles de comprensión de lectura, manejo de léxico y calidad redaccional de los estudiantes, y el de los alumnos que, sobre todo en asignaturas y carreras humanistas, ven cómo sus notas descienden en caída libre a causa de las deficiencias en esta área.

En jerga juvenil, el problema es "heavy", y sus causas tienen raíces profundas y diversas, según coinciden en sostener especialistas de los ámbitos de la lingüística y la educación. Cómo no inquietarse cuando se sabe que una reciente investigación ha detectado que un porcentaje no despreciable de compatriotas no entiende las instrucciones  impresas para preparar una mamadera  al reverso de los envases de leche, o  cuando un educador muy poco moderno recibe en su correo electrónico un mensaje que le envía un alumno...escrito en el lenguaje abreviado del chat.

Muchos profesores de Enseñanza Media y universitaria se quejan de que un creciente número de estudiantes tiene un verdadero prontuario ortográfico y que tampoco maneja adecuadamente la sintaxis, lo que redunda en una redacción caótica, exenta de claridad conceptual.

El doctor Leopoldo Sáez, director del Bachillerato de la Universidad de Santiago y vicepresidente de la Sociedad Chilena de Lingüística, opina que esta situación tiene diversas causas. "La composición del alumnado ha cambiado sustancialmente en los últimos 50 años. Cuando yo estudiaba en el "Eduardo de la Barra", mi curso estaba compuesto fundamentalmente por jóvenes que provenían de la clase media. Eran contadísimos los casos de hijos de obreros, no llegaba ningún hijo de campesinos. Muy pocos eran también los representantes de las clases más pudientes. En el último tiempo la cobertura ha aumentado enormemente y ha llegado a los establecimientos secundarios un enorme número de estudiantes que trae al colegio un déficit cultural muy grande. Provienen de hogares sin libros, sin hábitos de lectura. En muchos de ellos, la preocupación fundamental es la subsistencia. No hay temas de conversación variados y estimulantes. Han sido reemplazados por los programas de televisión. Se maneja lo que llaman los especialistas el "código restringido": reducido vocabulario, sintaxis elemental".

Si bien considera que el mayor acceso a la educación superior es un gran avance, porque posibilita la movilidad social, también observa que "estas nuevas capas universitarias tienen, por cierto, más dificultades para adquirir un dominio pleno de la norma escrita culta".

A lo anterior agrega la "eclosión audiovisual: televisión, cine, DVD, CD, que ha dejado en un segundo plano la cultura escrita", de modo que hoy son muchos más los que ven televisión que los que leen diarios, y menos aún son los lectores de libros. Por otra parte, hay una menor práctica en escribir. "Ya no se envían cartas de amor. Los e-mails son un medio coloquial. Son mensajes en la moda "casual".

Impacto de las tecnologías

Generaciones de chilenos nacieron en la era de la TV por cable y el computador. Están inmersos en una cultura audiovisual, no proceden del mundo de la lectura. ¿Es justo que se les exija buen manejo de la ortografía y de las normas redaccionales?

"Es cierto que hay un aumento considerable de lo audiovisual, pero no es incompatible con la cultura escrita, que sigue siendo imprescindible. En Chile seguramente leemos muy poco, pero esto no es lo generalizado. Para citar un caso, en España el año pasado se publicaron 72.048 impresos, esto es, unos doscientos al día, los que, por supuesto tienen sus lectores (en Chile sólo se registraron 3.420 títulos). El "Diccionario del Español Actual", de Seco y "El Dardo en la Palabra" de Lázaro Carreter fueron best sellers durante meses. Por favor, piense un poco en este hecho tan sintomático: los dos gruesos tomos del diccionario y la obra de reflexión sobre usos lingüísticos fueron los libros más comprados en la Península Ibérica. Esto sería impensable en Chile".

¿Y qué dice de la ortografía?

"No es un lujo tener buena ortografía, construir bien las frases y los textos. No es lo mismo 'saga' que 'zaga': 'la saga de los Nibelungos' y 'la zaga del glorioso Wanderers'; ni 'encauzar' y 'encausar': se encauza a un niño y se encausa a un sospechoso; 'aprensiones' y 'aprehensiones': el cabo González es famoso por sus aprehensiones (¿o 'aprensiones'?).

 - El lenguaje del "chat", incluso, desvirtúa la forma de escribir las palabras. Y se ha generalizado tanto que hasta hay publicidad que reproduce mensajes escritos de esta manera. ¿Cree que este fenómeno es sólo moda y tendrá vida efímera o es una tendencia con arraigo?

"NLS, pero sospecho que no tiene la menor importancia. QT1BD".

¿Estamos en una "crisis de la expresión escrita? ¿Cómo lo ve usted?

"Veámoslo de otro modo. En Chile ha aumentado constantemente el número de los que saben leer y escribir. Hay una mayor escolaridad, las clases desposeídas están entrando heroicamente a la educación superior, a los CFT, a los IP, a las universidades. Todo esto es muy positivo para nuestra sociedad tan desigual. Pero, por otra parte, se aprecia un evidente debilitamiento en el manejo de la lengua escrita. Es un fenómeno preocupante. Escribir (pensar) y leer (entender) siguen siendo las bases del desarrollo del conocimiento y estamos en la sociedad del conocimiento. Más vocabulario equivale a más conceptos y matices. Textos y oraciones bien construidos, a un mejor desarrollo del pensamiento".
¿Qué hacer entonces?

"Esto es prioritario, anterior, o por lo menos simultáneo, a la adquisición de segundas lenguas. Habrá que repensar la formación de profesores de lengua materna, renovar las metodologías, mejorar las condiciones de enseñanza (nunca más cuarenta alumnos por curso, más tiempo para ejercicios, mejores remuneraciones, diccionarios, bibliotecas,...), abaratar los libros, mejorar los modelos (periódicos, programas de televisión, preparar lingüísticamente a animadores y conductores de programas), sensibilizar a la opinión pública respecto al valor, incluso económico, de una adecuada redacción".

¿A leer se aprende leyendo?

"Nosotros trabajamos en didáctica y, efectivamente, hemos detectado muchísimos problemas de escritura", observa la doctora en lingüística y profesora de metodología de enseñanza de la lengua de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Nina Crespo. "Creo que el problema mayor está en no poder producir un discurso descontextualizado, que es lo que exige la escritura: 'convertir la prosa del escritor en la prosa del lector'. ¿A qué  lo atribuyo? Puede haber varios factores. No digo que hace 40 años la gente escribía más o mejor, pero no se reflexionaba tanto sobre cuál era la calidad de la lectura o escritura. Se daba por hecho. Y la educación no estaba tan extendida como ahora".

¿Cómo resolver esta situación?

"Se están tomando las medidas desde la didáctica. La propuesta es que la escritura debe enseñarse, a diferencia de la concepción de hace 20 años, según la cual a escribir se aprendía escribiendo. Y a leer, leyendo".
 - ¿Cuál es el cambio que se propone ahora?
"Un cambio mucho más complejo y que todavía no terminamos de implementar: que tanto la lectura como la escritura, que no son habilidades de todo o nada, sino que se van desarrollando, sean entrenadas no sólo en el niño de primero básico que aprende a leer y a escribir, sino también en el niño más grande. Es decir, hay que llevar este desarrollo a un nivel más profundo. Hay propuestas metodológicas muy claras. El problema es que esto no se desarrolla de un día para otro".


Escritura y pensamiento.

- Son habilidades de desarrollo lento, dice usted.
"La escritura, a mi parecer, es cognitivamente más compleja. Incluso hay investigaciones que llegan a decir que ayuda a desarrollar el pensamiento. Cuando uno tiene que escribir y debe organizar información que le llega en forma desordenada, tiene que hacer un ejercicio de pensamiento, tiene que generar ideas nuevas a partir de información. Se trata de procesos muy elaborados".

- Por otra parte, la ortografía sólo suele exigirse en castellano.
"Una de las grandes limitaciones de las asignaturas, y especialmente la de lengua, es que queda aislada en sí misma, en circunstancias que es la herramienta que usan todas las demás para adquirir conocimiento. Pero si les exijo a mis alumnos que redacten textos coherentes, comunicativamente accesibles y que utilicen bien los párrafos, y a la profesora de geografía le da lo mismo...Entonces el chico no tiene la percepción de que es una habilidad transversal a las distintas áreas. Ese es un problema grave. Tal vez habría que poner la ortografía en un ítem separado y que todos los profesores tuviéramos que fijarnos en ella".

 Variable de la edad:

 Y qué pasa con el chat? A juicio de la doctora Crespo, utilizar ese lenguaje abreviado en la cibercomunicación es funcional al objetivo de rapidez en el contacto, y en ese contexto está bien, "pero no se puede extender a otros discursos".

- Pero es un lenguaje que comparte un grupo importante.
"La gente joven se caracteriza por manejar algún tipo de lenguaje común".
- Entonces el léxico chat puede ser una manifestación más de esa particularidad lingüística.
"Fíjese que en sociolingüística la edad se considera una de las variables que incide sobre el lenguaje. El adolescente necesita tener un grupo que lo identifica, un código propio. Estamos hablando de un fenómeno que ocurre. ¿Se mantiene a lo largo de la vida como para que nosotros podamos decir que va a alcanzar a todo el lenguaje?
 
"Nadien" y "hubieron"

En Chile no se valora socialmente el hablar y escribir correctamente, dice el doctor Leopoldo Saez. "Hay claramente un descenso del nivel cultural (Longueira habla de un país rasca).
Han perdido los modelos lingüísticos. Un presidente del Senado decía 'nadien' y otro 'hubieron muchas dificultades'; los animadores y conductores de televisión tienen una incultura idiomática abismante. Hevia habla de los 'previlegios', otros, de los 'otómanos', de 'los deportistas nóveles'. Son los modelos actuales (sin mencionar al Che Copete, al Badulaque', cuya gracia, en gran parte, se basa en las transgresiones lingüísticas y en una ordinariez antológica).

La nueva situación requeriría una nueva metodología de enseñanza, trabajar con grupos más pequeños. Los profesores deberían aprovechar las nuevas tecnologías computacionales para motivar a los alumnos y mejorar los niveles de aprendizaje. Mucho me temo que muchos profesores no estén en condiciones de corregir los errores más comunes. Todas estas carencias no pueden solucionarse en cursos con cuarenta alumnos".


miércoles, 22 de octubre de 2014

Elementos del género narrativo


ALGUNOS RASGOS DE LA MENTALIDAD CHILENA, EN UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA
Cristian Gazmuri.

La influencia de la geografía.

El primer rasgo que quiero destacar como  históricamente presente en el chileno es la conciencia de habitar en un lugar lejano; distante de lo que han sido los polos de cultura avanzada que ha tenido el planeta — Europa en lo fundamental — durante la existencia de nuestra nación: el síndrome de lejanía. “Aquí donde otro no ha llegado”, escribía ya en el siglo XVI don Alonso de Ercilla y Zúñiga. Los primeros mapas señalan las tierras de Chile como Fines Terrae Jaime Eyzaguirre recoge esa denominación y le agrega el adjetivo de “antípoda del mundo “. En los cantos de marinos europeos llegar hasta Valparaíso, era sinónimo de estar al otro lado del planeta.

Y más aislados hemos estado aún de otras altas culturas, no europeas. Diferente era el caso de la época precolombina en relación al Imperio Inca. Pero entonces “Chile”, en tanto la unidad histórico—geográfica que conocemos hoy, no existía.

Lejanía, en primer lugar. Un segundo rasgo, aislamiento. Hasta hace unos 100 años Chile era casi una isla, especialmente durante los inviernos, encerrado entre el inmenso océano Pacífico, sin una costa de buenos puertos naturales, la barrera infranqueable (durante muchos meses) de la Cordillera de Los Andes, el desierto “ El despoblado “ de Atacama y el Cabo de Hornos, con el mar más feroz del planeta, su aislamiento era casi total. Llegar a salir de Chile era una verdadera aventura y el viaje tomaba muchos meses.

También pobreza. Chile fue, hasta 1830, posiblemente la sociedad más pobre de la América Ibera. No producía gran cantidad de metales preciosos, ni alimentos o productos tropicales de alta demanda en Europa, como azúcar, café, cacao, tabaco o, después, caucho. En verdad la Corona Española estuvo interesada en la existencia de Chile principalmente porque constituía la puerta sur del rico Perú, la que era preciso defender de corsarios y la ambición de otras potencias europeas. Los viajeros que nos visitaron durante el siglo XIX, junto con señalar la belleza del paisaje destacan las muy precarias condiciones de vida de los chilenos, incluso de las familias mas pudientes, cuyas casas combinaban algunos muebles alfombras y trajes europeos con el piso de la tierra apisonada, muchos de adobe y techos con vigas de canelo u otros árboles autóctonos a la vista. Los edificios públicos fueron muy modestos hasta muy entrado el siglo XVIII, cuando se construyeron el puente de Cal y Canto, la casa de La Moneda y algunas iglesias de más pretensiones. Esta pobreza termina, entre la oligarquía al menos, hacia mediados del siguiente siglo. Pero todavía, excepción hecha de las familias más ricas que ahora pasaba largad temporadas en Europa y construyeron casas imitando las europeas, el estilo rústico se conserva, si no en Santiago,  sí en los fundos y ciudades de provincias hasta el siglo XX. La alta burguesía decimonónica de Valparaíso constituía la excepción. Pero no quebró esta realidad en términos generales.

Este síndrome de lejanía, aislamiento y pobreza creo que ha marcado el comportamiento de los chilenos, incluso hoy, cuando los medios de comunicación y los transportes modernos nos han acercado al mundo. Tímidos y apocados, también sobrios, solíamos ser muy poco aficionados a aparentar. Espontáneamente, hemos tendido a rehuir los primeros planos (con excepción, por cierto). La persona que llamaba la atención y exhibía su riqueza o poder era mal vista. El exhibicionista, el “posero”, no despertaban simpatía y admiración. Más bien se le acogía con ironía. La sobriedad era considerada una virtud nacional y me parece que hay sólo tres épocas de nuestra historia en que este rasgo se ha roto: transitoriamente entre la aristocracia, hacia comienzos del siglo XX; entre la nueva burguesía durante los años del boom de comienzos de 1980, y de nuevo en los últimos años.             

Sobriedad, sencillez, honestidad. Cuando don Aníbal Pinto dejó la Presidencia sus amigos debieron ayudarlo a encontrar un trabajo para subsistir. Cuenta Vicuña Mackena que enfrentado al motín del 20 de abril de 1851, de madrugada, el Presidente Bulnes desayunó un vaso de mote con huesillos que compró a un motero de la calle. Hasta la época del Gobierno de Eduardo Frei Montalva, los Presidentes de la República caminaban por la calle como cualquier persona y hasta hoy —con recientes excepciones— se enorgullecen de vivir en sus domicilios particulares de hombres de clase media. Y no se trata sólo de figuras públicas. El hombre medio chileno ha sido, históricamente, por lo general, muy sobrio, casi exageradamente apocado.

No hemos amado lo monumental y, en estos últimos tiempos, cuando se ha intentado una iniciativa de este tipo, el resultado, casi invariablemente, ha sido estéticamente deplorable. Basten como ejemplo el “templo votivo” de Maipú y — en grado heroico— el edificio del Congreso Nacional en Valparaíso.


El sentimiento de aislamiento, de lejanía, de pobreza, de sencillez, creo que ha tenido que ver también con la tradicional hospitalidad del chileno. Los extranjeros que llegaban hasta Chile han sido tratados , por lo común, con gran cordialidad y a veces una generosidad rangosa que los asombra. Era generosidad, pero también algo de complejo de inferioridad provinciana ante este embajador del mundo que venía hasta nosotros; reflejo de la intención de mostrarle que tenemos cualidades, y era frecuente que junto con la hospitalidad se le endilgara un discurso patriotero y chovinista que tendía a mostrarle que Chile es lo mejor del mundo, o, al menos, tan bueno o mejor que su patria.

Porque, paralelamente, los chilenos hemos mostrado, un enorme amor al suelo, a esta tierra de fin de mundo que es considerada, de manera inconsciente y un tanto vanidosa — mente, tan hermosa como la mejor, fértil y generosa; nuestro orgullo. Pedro de Valdivia, al menos un semi chileno, y que tanto se quejó de la pobreza del país, escribía al Emperador Carlos y “ Haga saber a los mercaderes y gentes que se quisieran venir a avencidar que vengan, porque esta tierra es tal que para poder vivir en ella no la hay en el mundo…” y continuaba hablando (mientras él y sus compañeros desfallecían de pobreza)   “de las minas riquísimas de oro, y toda la tierra está llena de ello”, lo que ciertamente no se compadece con las noticias que tenemos de época. El Abate Molina murió pidiendo aguita de la cordillera. Ya en el siglo XIX Vicuña Mackena, tan afrancesado como cualquiera de su generación, no dejó de comparar, a veces desvantajosamente, edificios y servicios de Francia con los chilenos. Sin excesiva modestia, nuestra canción nos llama “la copia feliz del edén “. Este halago alcanza también a nuestros hombres y mujeres al roto, al que por un lado se le ha despreciado hasta el punto de que se usa la palabra como adjetivo peyorativo, se le considera al mismo tiempo astuto, generoso, noble y valiente, ”choro” y “tieso de mechas”. A la mujer chilena, considerada al mismo tiempo hermosa y abnegada, admirable, lo que no ha resultado incompatible como un machismo tradicional que abarca a toda nuestra sociedad.

Comparemos, para terminar este punto, nuestro grito de amor patrio, “viva Chile mierda”, con otro pueblo latinoamericano de algunas características parecidas al nuestro México. Ellos gritan “ viva México hijos de la “chingada” vale decir, la rajada , la violada, como lo ha analizado Octavio Paz en un hermoso ensayo. Aquí quiero hacer notar, en ambos casos, la ambigüedad de la expresión de amor. Para afirmar el “viva Chile” la alusión se suma al escremento. En el caso de México se hace presente que desciende de hembras violadas, en una lejana alusión a la Conquista. En ambos casos existe la paradoja, pero es más directa en el caso chileno.

Nuestra geografía nos ha dado también un rasgo que ha sido constante en nuestra historia, el estoicismo frente a lo que Rolando Mellafe llama el “acontecer infausto”. La Colonia es una secuencia de terremotos, sequías catastróficas, salida de cauce de los ríos; lo que sumado a la guerra semi permanente con los Araucanos, parece habernos preparado para enfrentar con estoicismo el mal que sobreviene: el pánico e histeria colectiva en los primeros días dan paso a un fatalismo quieto, a un recomenzar espontáneo.

LA HERENCIA HISPANO-INDIA Y LA MENTALIDAD CHILENA.

También hemos tenido y tenemos rasgos mentales, tanto o más importantes que los liga dos con nuestra situación geográfica, y que vienen de nuestra herencia, española e india así como la de nuestra condición de mestizos. El primero es la opción por la tierra y no el mar. Chile es un país con amplia, amplísima costa. Sin ser isla, es uno de los de los de más amplia costa en el mundo. Pero toda nuestra simbología folclórica, excepto en regiones determinadas como en Chiloé, gira alrededor de la cultura y la existencia campesina y su personaje central, el huaso, sea patrón, pequeño propietario o inquilino Es efectivo que existen elementos concretos que pueden explicar en parte nuestro rechazo histórico a un destino marítimo. Nuestra costa, excepto al sur del Seno de Reloncaví, es un litoral con pocos accidentes geográficos que constituyan buenos puertos naturales, y el océano la golpea duramente. El Pacífico chileno es enorme y no hay tierras cercanas , pero, al mismo tiempo, es un mar rico en pesca, recurso que sólo en las últimas décadas ha sido explotado con intensidad. El pescado no forma parte importante de nuestra dieta todavía. Sin embargo, lo fundamental es que han sido la tierra y sus hombres los personajes centrales de nuestro imaginario y cultura popular, expresada en canciones, trajes, comida, giros idiomáticos, tradiciones. ¿ Por qué este rasgo mental ?

Recordemos que los chilenos somos mestizos de pueblos que eran de tierra. Huilliches, mapuches, picunches, pehuenches, puelches, cuyos descendientes puros hasta el día hoy no saben nadar, eran mucho más numerosos que los indios de la costas, chonos, cuncos y en el extremo sur, onas, alacalufes, yaganes y otros con los cuales casi no hubo mestizaje. Recordemos, por otra parte, que entre los conquistadores figuran extremeños, castellanos, andaluces, más que catalanes, valencianos, cantabros, que son los grupos marítimos de España.                                                                                   

Siendo Chile pura costa, Valdivia fundó la capital lo más lejos de ella que era posible. Creo que las vertientes culturales, española e indígena transmitieron esta mentalidad terrestre. Los comerciantes vascos, un grupo pequeño que llegó en el siglo XVIII, preocupados del tráfico marítimo donde hicieron sus fortunas, terminaron por in— corporarse en definitiva a la cultura tradicional del campo, donde llegarían a ser patrones. Fueron los grupos de no hispanos y en particular ingleses, que llegaron a Valparaíso en el siglo XIX, los que crearon la tradición marítima de Chile, tanto mercan te como de guerra, que se remonta a entonces. Todavía, entre los oficiales de la Armada, abundan los apellidos de origen no hispano, y se sienten más británicos que los ingleses.

La falta de iniciativa económica individual ha mostrado también la impronta hispano católica e indígena. Es conocida la tesis de Max Weber, después desarrollada por Tawney sobre la ligazón entre el espíritu protestante y el espíritu de la laboriosidad lucrativa del capitalismo, que ciertamente no se da, a nivel de toda la América hispana. Debemos atribuir a nuestra profunda herencia católica una parte de la responsabilidad en esta conducta económica. Pero sin duda el carácter de la economía chilena hasta hace algunos decenios tiene también origen a la nación chilena. Agricultores en la zona central más al sur eran guerreros, recolectores y cazadores, a veces, como en el caso de los pehuenches, transhumantes, Esta actitud económica pasiva de la mayoría del pueblo chileno sólo ha venido a variar en los últimos años.

Para continuar con el punto de la pasividad económica y laboral, debemos considerar la relación entre nuestra geografía y demografía. Chile ha sido, desde la Conquista, un país que, sin ser despoblado, ha tenido una poblaci6n relativamente pequeño. Se calcula que al momento de la llegada de los españoles hasta un millón de indígenas pueden haber habitado lo que es el ecúmene chileno actual. Por la época de la Independencia, y sin tomar en cuenta el sector no incorporado de Arauco y de nuestro Norte actual, la población era en esa superficie más pequeña también de, aproximadamente, un millón de personas. Hacia 1900 era de unos tres millones, en 1952 de seis y hoy de catorce. Ahora bien, el clima chileno y la fertilidad del valle central siempre han podido alimentar bien, o al menos minimamente, a esa población, sin necesidad de un esfuerzo extraordinario. Durante la Colonia, cuando se exportaba sebo al Perú, la carne se quemaba. Sólo en el siglo XX y en un contexto de marginalidad urbana la alimentación ha sido un problema grave.

Esta facilidad en las condiciones de subsistencia de Chile la hacía notar Arnold Toynbee, comparándola con la dureza del altiplano andino, que obliga a grandes esfuerzos para conseguir el alimento. Así explica por qué allí surgió una alta cultura y no aquí. Pero, por lo que nos interesa, también puede ser otra de las causas de nuestra historia falta de iniciativa económica sostenida y de empeño constante y laborioso. Digo, puede ser, porque se da el caso de que también los descendientes de los incas han exhibido en los últimos siglos una gran pasividad  económica, aunque quizas por razones diferentes conectadas con la desarticulación por la Conquista de su evolucionado sistema político social tradicional, que en Chile fue inexistente o estuvo muy poco asentado. La improvisación laboral ( y su manifestación concreta, el “maestro chasquilla”) ha sido otra manifestación de este rasgo: lo que se comenzaba no se terminaba o se terminaba a medias, no hacía falta más y nadie reclamaba.

LA MENTALIDAD CHILENA

Vayamos, finalmente, a rasgos mentales que serían fruto de nuestra historia. Mario Góngora y otros autores han destacado el hecho de que en Chile no fue la nación la que dio origen al Estado (como habría ocurrido en Perú y en México); fue el Estado español en Chile, una institucionalidad fruto de una voluntad externa, el que creó la nación chilena donde antes existían varias de carácter primitivo. El prolongado esfuerzo de los gobiernos coloniales y republicanos continúo en ese sentido.

Fue el Estado chileno de la segunda mitad del siglo XIX y primera del siglo XX el que, enriquecido por los impuestos del salitre, permitió la consolidación de la clase media que ha gobernado Chile en el siglo XX, pues impulsó el esfuerzo educacional de esos años.

Ahora bien, el hecho de que el Estado haya sido el artífice de la nación chilena explica, al menos en parte, la homogeneidad de valores y costumbres de los chilenos. En Chile la hay, a diferencia de otros países de historia mucho más larga y compleja, pero mucho más pequeños territorialmente, como Irlanda, Bélgica, la misma España, los países del Medio Oriente y los Balcanes. Incluso, a diferencia de otros países de nuestra América Latina, Chile no exhibe regionalismos, a veces intransigentes y violentos. Y no es por que tengamos

homogeneidad geográfica. Chile tiene todos los climas y casi todas las geografías, excepto la selva tropical. Además, la comunicación entre regiones y todavía suele ser difícil en nuestro largo país. Por ejemplo: hasta el extremo sur se puede llegar por barco, por avión o a través de la República Argentina, pero no hay diferencias culturales ni rasgos mentales sustancialmente distintos entre los habitantes de Anca y los de Punta Arenas, del Valle Central, del desierto o de la Patagonia menos aún odiosidades. Chile se ha extendido desde el centro hacia sus extremos.

También a nuestra historia debemos el aprecio que sentíamos por los valores militares. Chile era un país orgulloso de su pasado de éxitos militares. Algo que hoy parece cuestionable éticamente, pero que no lo era hasta mediados del siglo XX. Se le conocía como “ Chile , tierra de guerra”. Efectivamente, la guerra fue un estado permanente, o al menos latente, en los siglos coloniales, y durante el XIX apareció en nuestra historia con inusitada frecuencia: guerras civiles desde 1810 a 1818, en 1830, 1851,1859 y 1891. En fin, guerras internacionales en las décadas de 1820, de 1830, de 1860, de 1870-80, todas victorias. Los cronistas coloniales se referían a nuestra nación como Flandes indiano. Tulio Halperin, en su conocida Historia de América Latina, se refiere a Chile como una pequeña Prusia, y Buur titula su libro sobre la política exterior chilena en el siglo XIX, bajo la premisa “ por la razón o la fuerza” lema de nuestro símbolo nacional por excelencia: el escudo patrio. No debemos olvidar que el libro por un chileno, — Jorge Inostroza— de mayor venta en el país ha sido Adios al Séptimo de Línea, un canto de gesta al valor de un soldado chileno, que apareció hace unos treinta años y fue leído masivamente, con devoción, sin ser una novela de valor histórico o literario apreciables. El estudio del norteamericano Nunn Prat, un santo laico, símbolo de nuestros valores más caros, es del mayor interés para comprender el rasgo mental pretérito que enunció.

Otro rasgo mental del chileno, de los últimos dos siglos, conectado a nuestra historia, es la tendencia histórica al vagabundeo y la aventura. Muy claro entre los sectores populares, lo es, en general, de todos los chilenos. Extraño, por otra parte, en un país en el que el mundo campesino, muy mayoritario hasta hace algunas décadas, no es el del pe6n ganadero transhumante. como los llaneros de Colombia y Venezuela o los gauchos de Argentina y Uruguay, sino el del inquilino, un ente sedentario, dependiente Sin embargo, hijos o parientes de inquilinos se han transformado fácilmente en peones afuerinos transhumantes, más todavía, han emigrado masivamente al norte en la época de la plata y el salitre, ascendiendo también masivamente por la costa del Pacífico hasta California ( entre algunos Pérez Rosales, Santiago Arcos y Benjamín Vicuña Mackena ) durante la fiebre del oro. Chilenos se contrataron como jornaleros para construir los ferrocarriles de la sierra en Perú y no pocos trabajaron en la apertura del Canal de Panamá durante las últimas décadas - más allá del problema del exilio- encontramos chilenos repartidos por todo el mundo, notoriamente en Argentina, Venezuela, USA, Suecia y Australia, Buscavidas que disfrutan o sufren de su destino. Es posible que este rasgo tenga razones históricas muy concretas caso a caso. Pero quizá, colectivamente, también se origina en el hecho de que durante los siglos coloniales una buena parte del territorio de Chile fue lo que el historiador estadounidense Tuner llamó una “ zona de frontera “, donde la incertidumbre era diaria y donde el valor individual, la libertad personal y el amor a la aventura eran muy valorados y representaban la posibilidad de prosperar, hasta el punto de transformarse en un estilo de vida.

Cristian Gazmuri
Profesor de Historia
Universidad de Chile